No existe comunicador más afortunado que el comentarista
deportivo. Sentir la efervescencia de la afición estremecer los graderíos,
escuchar la polémica en las peñas, disfrutar de los partidos de fútbol y
béisbol en cada barrio, o narrar la victoria de un coterráneo en un certamen
internacional es el mayor regocijo para quienes, a diario, llenan de vida las
emisoras y espacios televisivos con sus debates espectaculares.
Pero tanto regocijo demanda mucha entrega y profesionalismo,
largas horas de estudio y preparación. Porque nuestros narradores y
comentaristas tienen sobre sus hombros el gran reto de informar a una sociedad
que lleva consigo el don del conocimiento y de la insatisfacción cuando de
deporte se trata.
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