¿Ha sido usted en algún momento el centro de todo? Si es espirituano, habanero, avileño o matancero, tal vez no haya tenido la suerte de sentirse «importante». ¡Ah!, pero si proviene de la más occidental de las provincias cubanas, es poco probable que no conozca la experiencia.
Lo cierto es que donde llega un pinareño detrás viene el «chucho», porque «dejaron una concretera dentro de un cine», «construyeron una discoteca en la planta alta de una funeraria», «ponen el teléfono en el piso para que no se caigan las llamadas», o «cuando van a tumbar mangos, suben a la mata, los tocan, y si están maduros, bajan a tirarle piedras».
Pero esta visión del pinareño no es nueva, se remonta al siglo XVIII, cuando a la entonces Cenicienta de Cuba emigraron canarios, húngaros, gallegos, y junto a ellos todo un historial de cuentos que, poco a poco, pasaron a formar parte de la idiosincrasia vueltabajera.
