Armando Hart Dávalos se siente orgulloso de haber
dirigido, desde su función de Ministro de Educación, los planes educacionales
en los primeros años de la Revolución.
Custodiada por las efigies del Apóstol y del Libertador
Bolívar, y por las imágenes de Fidel, Camilo y el Che, la oficina parece
reventar de libros. Esta vez el interlocutor no es el director de la Oficina
del Programa Martiano, ni el presidente de la Sociedad Cultural José Martí, ni
el entrañable amigo del líder de la Revolución. Tampoco quien fuera titular de
Cultura de 1976 a 1997, o combatiente de la lucha clandestina, o abogado.
Sentado detrás del escritorio está un pedagogo viajando en la máquina del
tiempo, Ministro de Educación desde 1959 hasta 1965: El doctor Armando Hart
Dávalos.
